Alberto Cardemil, Zig-Zag, 2011
Lo primero que voy a decir es que me entretuvo de principio a fin. Mire usté. Fue una agradable sorpresa. Si bien el paisaje de las anécdotas debe ser el de Chile Central, me sentí identificada con el humor y el sabor a campo de cada una de ellas. Me acordé del “Colorado” (el caballo porfiado al que tanto quise), de Don Benito, del olor a eucaliptus del campo donde crecí, de mi padre y mi abuelo, del olor a tierra húmeda cuando se riegan las melgas. Y sobre todo me acordé del humor, esa picardía
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